La Humanización del Discurso Penal: Más allá del Tecnicismo, una Estrategia de Litigación

El caso que encabeza este artículo versaba sobre una menor de nueve años, forzada por un desconocido y colocada en una posición de vulnerabilidad absoluta que dejó secuelas psicológicas permanentes. Sin embargo, en audiencia, toda esa tragedia fue reducida a una fórmula gélida: “fue abusada sexualmente”.
Opinión19/02/2026 10:38 Omar Chapman

unnamed(2)Omar Chapman, es abogado litigante con formación en derecho penal, procesal penal y procesal civil.

“Se presenta acusación en contra del ciudadano J.C.P.C., en razón de que este, en fecha 15 de junio de 2024, sustrajo de su residencia a la menor F.D.T.; la trasladó a un hotel y abusó sexualmente de ella, constituyendo una franca violación a los artículos 331 del Código Penal y 396 del Código para el Sistema de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes.”

Después de años en estrados, he aprendido una lección esencial: el juez escucha normas, pero falla sobre personas.

Muchos abogados asumen que litigar es únicamente citar artículos, recitar jurisprudencia y blindar el discurso con tecnicismos. Negar la importancia de esto sería una necedad, pero creer que es suficiente es un error estratégico. El Derecho es estructura, sí; pero la decisión judicial es producto de un ser humano en un escenario profundamente humano.

En nuestros tribunales es común escuchar exposiciones impecables desde la técnica, pero con narrativas simplistas y desconectadas de la dimensión real del conflicto. Son argumentos correctos, pero inertes; oratorias fundamentadas, pero incapaces de generar un impacto verdadero.

El caso que encabeza este artículo versaba sobre una menor de nueve años, forzada por un desconocido y colocada en una posición de vulnerabilidad absoluta que dejó secuelas psicológicas permanentes. Sin embargo, en audiencia, toda esa tragedia fue reducida a una fórmula gélida: “fue abusada sexualmente”.

Es frecuente observar un dominio del argumento racional mientras se ignora la conexión humana. Y esto no tiene nada que ver con el sentimentalismo; se trata de comprensión estratégica. La psicología cognitiva ha demostrado que el ser humano no decide exclusivamente desde la lógica fría, sino desde un sistema intuitivo y emocional que influye en cada juicio. El juez no es ajeno a esa condición.

Humanizar no es montar un espectáculo. No es llorar, exagerar los sufrimientos ni manipular. Humanizar es ponerle rostro al expediente. La aparente frialdad de violar una cláusula contractual puede significar la ruina de un proyecto de vida; una acusación penal pone una reputación en juego; una medida de coerción no es solo un acto procesal, es la interrupción concreta de la cotidianidad de un individuo. Cuando el juez logra visualizar esa dimensión, el expediente deja de ser papel y se convierte en realidad.

Todo proceso tiene una historia. El problema radica en que muchos abogados la fragmentan en citas legales y argumentos aislados que terminan ocultando la esencia del caso. Una estrategia eficaz organiza el conflicto como lo que es: una historia con sentido bajo un relato jurídicamente estructurado.

Otra herramienta fundamental es el lenguaje. No se trata de abandonar la técnica, sino de hacerla comprensible. La sala de audiencias no debe ser un escenario para exhibir aforismos latinos ni términos rebuscados. Es el lugar donde se decide el destino de personas reales. El abogado estratégico sabe cuándo emplear la precisión técnica y cuándo hablar con claridad directa. La distancia innecesaria en el lenguaje genera desconexión; la claridad, en cambio, genera convicción.

Humanizar el discurso es estrategia pura. Es entender que el Derecho se aplica por personas y para personas. Es equilibrar la norma con la realidad, manteniendo la firmeza técnica sin olvidar que el conflicto expuesto es, en su esencia, humano.

Al final, la eficacia del litigante no reside en la acumulación de artículos ni en la sofisticación de su vocabulario, sino en lograr que el juez comprenda la historia en toda su dimensión y actúe en consecuencia.

Sobre el autor.

Omar Chapman es abogado litigante con formación en derecho penal, procesal penal y procesal civil. Ha realizado estudios especializados en técnica y destrezas de litigación en la Universidad de Puerto Rico, la California Western School of Law (San Diego) y programas de litigación penal avanzada en Chile. Ejerce activamente en los tribunales dominicanos.

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