El hombre que no sabía que se podía apostar a un lanzamiento

Excompañero de los dominicanos Emmanuel Clase y Luis Ortiz. Hombre que en agosto lo cambiaron a Milwaukee y terminó ganando la Serie Mundial sin haber pedido nada
Deportes06/11/2026 18:03 William Perdomo

Bo Naylor

Hay días en que el béisbol parece un poema. Y hay días en que parece un expediente judicial.

Este jueves fue de los segundos.

En una sala fría de Brooklyn, New York, con el aire acondicionado peleando contra el frio natural de noviembre y un jurado que ya no sabe si está viendo un juicio o un juego de pelota, apareció Bo Naylor. Receptor. Excompañero de los dominicanos Emmanuel Clase y Luis Ortiz. Hombre que en agosto lo cambiaron a Milwaukee y terminó ganando la Serie Mundial sin haber pedido nada. Y que ahora estaba ahí, no porque quisiera, sino porque tenía que testificar antes de irse a su boda.

Sí. A su boda. El tipo se iba a casar y tuvo que pasar primero por el tribunal a hablar de bolas, strikes y apuestas.

Y soltó la frase que dejó a todo el mundo en silencio:

— No lo sabía antes. No lo supe hasta que surgió la situación.

¿Que no sabía qué? Que se podía apostar a si un lanzamiento iba a ser bola o strike.

El fiscal James Simmons lo miró como el que mira a un tipo que dice que nunca ha visto un colmado en República Dominicana.

— ¿No sabía usted que la gente apostaba decenas de miles de dólares en lanzamientos?

La defensa objetó. El juez la aceptó. Naylor no pudo responder. Pero la pregunta quedó flotando en la sala como un foul que nadie atrapa.

Y ahí es donde uno entiende el tamaño de este lío.

Porque en 2018 la Corte Suprema abrió la puerta. Y desde entonces las apuestas legales se han regado por 39 estados como verdolaga en patio. Ya no se apuesta solo a quién gana. Se apuesta a todo. A cuántos ponches tira un pitcher. A cuántos puntos mete un tipo en baloncesto. A cuántas yardas pasa un quarterback. Y sí, a si el próximo pitcheo de Clase va a ser bola o strike.

Una apuesta especial. Una prop bet. Una vaina que hace cinco años sonaba a ciencia ficción y hoy mueve miles de dólares por lanzamiento.

Y Bo Naylor, que vive de eso, que se agacha detrás del plato 150 veces por noche, dice que no lo sabía.

El que pone la seña

Los abogados de la defensa lo pusieron a explicar lo que todo el mundo que ha jugado pelota sabe, pero que el jurado necesitaba oír.

Que el receptor es el que pone la seña. Que antes del juego hay reunión. Que se estudia al bateador. Que se busca su punto débil. Que se decide: aquí slider afuera, aquí recta arriba, aquí cambio bajito.

Que el plan existe. Que la estrategia existe.

Pero que el brazo no es una máquina.

— Incluso los mejores — dijo Naylor — no pueden estar seguros de que cada lanzamiento irá donde se apunta.

Clase, dijo, tenía un "control bastante bueno". Tres veces All-Star. Dos veces Relevista del Año. Un tipo que cerraba juegos como quien cierra una puerta con llave.

Pero control bastante bueno no es control perfecto. Y eso es justo lo que está en juego aquí: ¿fue estrategia o fue trampa?

Porque la Fiscalía dice que Clase empezó en 2023 a pasarle información a los apostadores, que reclutó a Ortiz en 2025, que cobraron miles de dólares para que otros apostaran a sus lanzamientos y se embolsaran al menos 460.000 dólares.

Clase, 28 años, contrato de 5 años y 20 millones. Ortiz, 27 años, 782.600 dólares en 2025. Ambos en libertad bajo fianza. Ambos en licencia sin sueldo. Ambos diciendo: inocentes.

El celular  en el Clubhouse

Simmons, el fiscal, no se quedó tranquilo. Le sacó a Naylor otra cosa.

Que había visto con frecuencia a Clase hablando por celular en el vestuario.

Que Naylor estudió español para entenderse con sus compañeros latinos, pero que no era amigo íntimo ni de Clase ni de Ortiz.

Que al final, el pitcher es el que manda. Que puede ignorar la seña del catcher y tirar lo que le dé la gana.

Y entonces vino la otra pregunta, la que suena a campo dominicano.

El abogado de Clase, Michael Ferrara, le preguntó si había oído que Clase participaba en peleas de gallos con gente que conocía de República Dominicana, donde se crió.

Naylor no se comprometió. Dijo que eran "rumores que escuché en el club".

Rumores. Como los que se oyen en cualquier clubhouse. Como los que se oyen en cualquier esquina.

La defensa insiste en eso: que Clase no tenía amigos apostadores, que tenía amigos de gallos y de dominó. Que en República Dominicana las peleas de gallos son legales. Que el dominó es sagrado. Que no todo lo que huele a apuesta es apuesta.

Y mientras tanto, Naylor se levantó de la silla, se acomodó la corbata imaginaria y se fue a casarse.

Porque la vida sigue. Porque el béisbol sigue. Porque en Brooklyn se está juzgando si dos lanzadores dominicanos vendieron sus lanzamientos o si todo esto es un cuento mal contado.

Y en el medio, un receptor que dice que no sabía que se podía apostar a un lanzamiento, que vino a explicar cómo se pone una seña, y que terminó recordándonos que en este juego, como en la vida, nadie controla a la perfección hacia dónde va la bola.

Ni siquiera el que la tira.

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